Es propio del hombre mirar siempre el vaso vacío, ver lo que falta, no reconocer los propios logros por encima de las dificultades. La realidad es que somos ignorantes de muchas cosas. No podemos saber de todo, no podemos aprender todo, nunca es suficiente.

Una persona puede saber que sabe, puede saber que no sabe, puede no saber que sabe y puede no saber que no sabe.

La palabra ignorancia viene del latín ignorantia, derivada de in- (prefijo de negación), g-noscere (conocimiento, ), -nt- (el que hace la acción, como en confidente, potente, presidente) y el sufijo -ia (cualidad, como en experiencia, influencia e inteligencia).

Como contraposición a esto, quiero compartirles mi conocimiento, de que ustedes tienen las respuestas en su interior; sus vivencias, sus decisiones y sus actos forman esa cultura, ese bagaje de información que les permitirá sobrevivir, avanzar y destacarse.

El creer que uno sabe, no es más que ahondar en sus instintos, en la base de la creación, en el origen de cada uno para pasar al siguiente nivel. La sabiduría interior es ese equipaje que llevamos sin saber, sin darnos cuenta, sin creer en él.

Gran parte de este dilema se suscita en la falta de confianza que tenemos con nosotros mismos. Es inútil avanzar si no creen primero en ustedes. Cada error es poner en duda el mismísimo objetivo sin tener en cuenta todo lo aprendido, lo actuado o lo incorporado.

Para visualizar un poco más este concepto les voy a contar una historia de la vieja china y de un maestro y un discípulo. Ellos se encontraban en un templo y el discípulo le dice al maestro: “Maestro quiero que me enseñe más, quiero saber más, quiero aprender aún más de lo que sé”. Y así siguió, proclamando el discípulo, exigiendo del maestro más conocimientos. El maestro lo interrumpió y le pidió que trajera dos tazas, el agua caliente y hebras de té. Inmediatamente después le pidió que tomara asiento y prestase mucha atención. El maestro se sirvió su te de manera normal, pero cuando hizo lo propio con su discípulo derramó toda el agua de la tetera en la tasa con hebras, hasta acabar la última gota. En ese instante el discípulo le dijo, “maestro  pero ha derramado el té, desperdició toda el agua”; y asintiendo con la cabeza, el maestro, le dijo al discípulo: “Querido aprendiz, para obtener más conocimiento tienes que dejar tu mente en blanco, estar dispuesto a aprender más cosas, hacer de cuenta que no lo sabes todo. Así y sólo así podrás absorber más conocimiento, sólo así”.

Aprendamos a ponernos en blanco para seguir aprendiendo, nunca sabremos todo de todo, o tal vez lo suficiente de algo, quien sabe. Tengamos la humildad de estar abiertos a nuevos conocimientos, a nuevas relaciones, a nuevos paradigmas.

 

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